Descolonizar (actuaciones básicas para lograr la eficiencia de los empleados públicos) (3)


    Sí, eso, descolonizar. Poner fin a una situación colonial. Podría haber dicho despolitizar, pero creo que son conceptos diferentes. Si hablásemos de la politización de la Administración, estaríamos refiriéndonos a una situación, que sin duda también se produce, pero que, también sin duda, es diferente de lo que nosotros denominamos como la colonización de la Administración. El debate sobre la politización tiene otra altura, evidentemente más elevada; la cuestión de qué grado de penetración política ha de tener la Administración es un debate sobre la necesidad de un adecuada conexión entre estructuras públicas (política y burocráticas).

   Empleamos el término colonización, con la carga negativa que supone, para aludir al fenómeno consistente en favorecer el acceso masivo de ciudadanos a los empleos públicos al margen del sistema de mérito,  con el fin de debilitar la Administración y lograr que, en vez de actuar  con arreglo a los principios de imparcialidad, legalidad y profesionalidad, lo haga, no ya subordinada a de un determinado partido, sino a concretas personas. Ciertamente la politización también persigue solventar los escollos que el principio de imparcialidad representa mediante el acceso de personas designadas políticamente a determinados puestos en la Administración, pero a diferencia de la colonización, lo hace, acertada o equivocadamente, para acelerar cambios sociales que ha legitimado la ciudadanía previamente. En todo caso, ese debate se reduce a la cuestión de cuál debe ser el sistema de designar al Director General de un Ministerio, por ejemplo.

     Nada hay en la colonización de teórico, ideológico o metafísico, por que lo que persigue la misma es simple y llanamente el dominio de las estructuras administrativas para consolidar el poder, enriquecerse y eliminar a quien a ello se opone.    Wikipedia apunta en la entrada “colonialismo” que, éste,  busca llevar su cultura más allá de sus tierras. El colono es quién debe ir a la colonia a implantar su cultura y establecerse allá. El proceso que vive la población de la colonia es llamado aculturación (pasar a llevar una cultura con otra “más poderosa”). Esa caracterización se ajusta, como el anillo al dedo, al fenómeno que pretendemos definir.

     Su incidencia es enorme, y abarca a todos y cada uno de los ámbitos, públicos y privados, de la sociedad. Y por supuesto envenena de forma grave a la Administración. No hace falta explicar el efecto de todo ello sobre la ¡eficiencia de los empleados públicos! Pero por si acaso, por muestra basta un botón: reflexionemos sobre la incidencia que sobre el trabajo diario y la actitud de los empleados públicos producen aquellos que, literalmente “puestos por el Ayuntamiento”, se dedican a medrar y, para ello contribuyen  a  azuzar la llama del sectarismo. Es su método de progresión: carrera horizontal.

    Desconozco si existe un estudio sobre el nivel de colonización de la Administración local en España o siquiera de la Administración española. Ignoro incluso si se ha ensayado algún sistema que pueda medirlo. Pero lo que sí tengo muy claro es que en España el nivel de colonización política, no ya de la Administración, sino de todas las estructuras del Estado, es de tal índole que se ha constituido en una verdadera amenaza para el sistema democrático.

     Un acercamiento, por lo que se refiere específicamente a la Administración local, pero seguramente transponible a las demás, podría ser el siguiente:

     Las técnicas colonizadoras se pueden dividir, a nuestro juicio, en dos clases principales: Las estructurales y las no estructurales o tradicionales. Como generalmente las técnicas estructurales persiguen, por comparación con las tradicionales, la consecución más rápida y efectiva  de la colonización, empezaremos por estas últimas que son las más básicas.

Técnicas colonizadoras tradicionales:

 1º El tan denostado “nombramiento a dedo” o más técnicamente  denominado “designación de personal de confianza política“: se trata de una herramienta extremadamente útil, que parte de la inveterada creencia de que con el paso del tiempo -entre cuatro y ocho años-, el dedo índice de determinados electos adquiere propiedades sobrenaturales y chamánicas, de tal forma que, su contacto -nótese el cercano parentesco con la imposición de manos de la Iglesia Católica, utilizada para consagrar a los Obispos- confiere cualidades extraordinarias a quienes lo experimentan, y ello de forma independiente al coeficiente intelectual previo de las mismas.  Además, dicha imposición digital -distinta de la  “genital” a la que luego haremos referencia-, transmite al afectado una cualidad hasta entonces inexistente: fidelidad inquebrantable al jefe y, sorprendentemente, ésta resulta, desde entonces, permanente e indeleble, independiente de quien sea el jefe.

  Partiendo de los datos del MEH, si observamos la evolución del gasto de las Entidades Locales destinado al personal eventual (sin incluir altos cargos) para el periodo 2005-2009 tenemos que el mismo experimenta un aumento espectacular (40%), muy superior al del resto del personal,  lo que indica que el número y peso de este tipo de personal ha crecido a pasos agigantados. Es preciso indicar que, además, no se considera el personal de los entes dependientes de carácter privado.

 2º Ahora que se alude a la recuperación de la figura del aprendizaje como forma de acceso al empleo, es necesario recordar que se trata de un fórmula con una amplia trayectoria en el ámbito del empleo público, por sus beneficiosos efectos. Se articula a través de una relación de empleo conocida en el origen de la misma -individualmente entendida- como interinaje -laboral o funcionarial- y como “tasa temporalidad a reducir para modernizar”, en el momento de su extinción.

     Su  práctica se debe, fundamentalmente, a la necesidad de evitar los “indeseables efectos” que produce la inamovilidad en el empleo sobre el carácter de los funcionarios – e increíblemente también en el de los labores fijos-. Con su aplicación, sin alterar el concepto tradicional de funcionario público de carrera, se consigue una importante flexibilización de los principios a los que la misma servía -legalidad, imparcialidad y demás vainas-. No es preciso que se facilite excesivamente el acceso a la condición de interino. Es más -y esto contentará seguramente a los legalistas-, se ha demostrado que el sistema funciona, incluso mejor, cuando la selección de interinos responde estrictamente a los formalismos de la legalidad. Se debe a que el fulcro de la cuestión se encuentra en el grado de apego -si se quiere encariñamiento- del interino con su plaza, tanto más intenso cuanto más difícil haya sido su consecución, la de la plaza. Operando sobre el interino, de forma sistemática, a diario y desde el principio, con una dosis suficiente de recuerdo de los efectos del ejercicio de las potestades de cobertura definitiva de la plaza o incluso de la más radical de amortización, se produce en su carácter, el del interino, un asombroso y definitivo desapego a los principios que justifican, en origen, la inamovilidad del empleado, que son sustituidos por una conciencia clara de cómo se produce la consolidación.

      Mágico concepto el de consolidación que, a través de la conjunción del ejercicio de potestades por titular del órgano y la representación sindical unitaria, convierte el interinaje en “tasa de temporalidad excesiva”, y racionalizando, optimizando, incluso si se quiere modernizando …, transforma, prístinamente, al interino en fijo, y a veces “de carrera”, sin alteración alguna de los sacros principios administrativos.

    Y aún más: en el caso de empleados laborales, la jurisprudencia ha elaborado -con increible oportunidad- el concepto de laboral indefinido, posibilitando la categoría del empleado público indefinido móvil. Y así es como, taumatúrgicamente, educación del carácter, negociación colectiva e inveterada jurisprudencia, logran que el funcionario de carrera llegue a no tener en cuenta su condición durante todo su tránsito por la Administración.

     En el 2011, según la EPA, el personal temporal representaba casi el 25% del total de los empleados públicos (unos 800.000), llegando a superar por primera vez en la historia la del sector privado. En la Administración local tasa de temporalidad es muy superior, llegando, en el 2011, para CCOO, al 33,5 %, y para UGT al 35%.

    Sobre los efectos de esta alta tasa de temporalidad en la eficiencia, a nadie se le escapa que el personal temporal es “sensiblemente más  más sensible” , políticamente hablando, claro.

   Por otro lado, esa situación ha dado lugar a los conocidos “procesos de consolidación del empleo temporal” que de forma evidente violentan los principios constitucionales de acceso al empleo público. No he encontrado datos sobre el número de empleados que han accedido a la estabilidad laboral por esta vía, pero presumo que son muchos miles; baste considerar los grandes procesos de consolidación de áreas como la sanidad.

      3º ¡Y qué decir de la libre designación! Inefable purga que sana la arbitrariedad, transmuta lo reglado en discrecional, potencia radicalmente la empatía entre fiscalizados y fiscalizadores y, en fin, curte definitivamente el estómago de estos últimos que, como el de todos, no es sino un humilde contenedor de tripas tibias.

     Tampoco he localizado datos sobre la evolución de la libre designación como sistema de provisión de puestos e trabajo. Pero la diaria consulta de los boletines y la prensa seguro que produce en todos los que la realizamos la misma convicción: el tema se ha disparado y en las Administraciones autonómicas poco faltará para que llegue a los “subalternos personales”, pues ya vamos conociendo las cualidades que han de tener los chóferes de determinados cargos públicos en el manejo de los fondos, también públicos.

     La técnica es realmente infalible: sólo asciende quien resulta cómodo, dúctil…, obediente; y los que han ascendido son eso mismo. ¡Qué coincidencia!, ¿n0?

   El paradigma en la Administración Local lo representa el caso de los nombramientos de Secretarios e Interventores cuya libre designación se previó para “grandes ciudades” y hoy afecta a la mayoría de los Ayuntamientos que no son poblacionalmente significantes, amén de las Diputaciones. Por cierto, también en las Comunidades Autónomas se designa libremente a los fiscalizadores. Pero seamos serios: ¿cómo se puede pedir que en esos entes locales que todos conocemos -y lo que te rondaré…- alguien en su sano juicio desempeñe alguna función digna de declinase como fiscalizar?

   4º Enumero sólo, y no me extiendo en las más chabacanas técnicas de empatía con el funcionariado consistentes en primar a los funcionarios afines para que cada uno sepa a que atenerse…

  Ah, no quisiera dejarme en el tintero la técnica del “nombramiento genital“. Voy a ahorrarme la descripción porque es de todos conocida gracias a la desmedida afección que a la misma se tiene en determinadas Diputaciones. No obstante, no quiero dejar de apuntar que, a pesar de lo que pudiera parecer, este fenómeno fisiológico/burocrático, produce una curiosa inclinación de los miembros de la Fiscalía española a imitar a los naturales de cierto país nórdico, que, sorprendentemente, resulta ser directamente proporcional a la intensidad y repercusión mediática de la influencia perineal respecto al acceso al empleo público.

   Técnicas colonizadoras estructurales: Lo que caracteriza a este tipo de técnicas no es su finalidad u objetivo último, sino su potencialidad, dado que producen los mismos efectos que las que hemos denominado tradicionales, pero a lo bestia. Veamos alguna:

        1º Creación de entes dependientes sometidos, por decir algo, al derecho privado. Se habla de 8.000 en la prensa de los últimos días, pero yo creo que serán sobre 6.000 computando los de derecho público, los de derecho privado y los que ni fu ni fa. ¡Qué decir de esta maravillosa capacidad ontogénica de crear, de la nada, nuevas personas -jurídicas-, de forma tal que la Administración sea, a la vez, una y plúrima, ambigua en lo jurídico, como la quieren los tiempos, y flexible en lo demás. Huida la llaman -del derecho administrativo- algunos agoreros talibanizados, cuando en realidad se trata de un don divino y que ni siquiera se encuentra limitado por la Trinidad.

      Esta fórmula, como nadie ignora, supone, frecuentemente, una auténtica “puerta trasera” para la creación de “chiringitos” en los que alojar, de forma indiscriminada, a amigos y parientes con cargo al dinero, público. ¿En dónde se ofrecen los puestos de trabajo? ¿Cómo se accede a ellos? Opera de forma masiva. Y lo hace en la forma más extrema a través de un doble movimiento expansión/retracción que fácilmente se explica con la simple contemplación  de la canallada jurídica y cívica que la Junta de Andalucía ha perpetrado con su ley de Agencias que, burla burlando, aloja a 28.000 personas -sí, sí, veintiocho mil, no sobra ningún cero-, de una tacada, en los “privilegios” del empleo público, ante la estupefacción de 5 millones de parados (por cierto, si se fijan, en la página enlazada, los enlaces a las explicaciones de UGT y CCOO no funcionan; lástima). Alguien podría decir que esto  es incluso delictivo. Pues sí, lo sería si lo hiciesen ustedes. Pero no lo es si lo hace el Parlamento de Andalucía. Conque: ¿Quién da más? Para incrédulos: noticia de  la sentencia.

      Para no aburrir:

2º Movimiento pendular laboralización/funcionarización, con el paradójico resultado de dos empleados que realizan idéntica función, bajo un distinto régimen que supone dualidad de derecho y deberes. Fantástico empujón a la eficiencia.

 3º Asalto a las estructuras del Estado: para no extenderme, cientos de Sindicaturas de Cuentas, Consejos de Estado, Tribunales de expropiación…;¿para qué?: para lo mismo que todo lo anterior…. El colmo de los colmos: Tribunales de Cuentas ocupados por profesionales de la política. Políticamente lúbrico.

 ……………..

    En fin, seguro que se han quedado técnicas en el tintero. Pero es suficiente. ¿Alguien puede afirmar, con mínima seriedad que se puede exigir a los empleados públicos que sean eficientes con este plantel? Si no se puede, entonces habrá que establecer los límites correspondientes a todos estos desmanes. Es preciso descolonizar; garantizar la independencia de los pocos controles reales que existen y eliminar las pantomimas. Es más honesto, más riguroso y, sobre todo, mucho, mucho más económico.

    La profesionalidad de los empleados públicos es la mejor garantía de su eficiencia y la colonización socava la misma de forma definitiva. Por eso, y sobre todo en estos tiempos, puede afirmarse que mantener la profesionalidad supone para los empleados públicos un esfuerzo realmente heroico. Y como no hay muchos héroes…, la mayoría opta por el silencio.

    Ahora bien, no quiero terminar sin tres aclaraciones, ahora al margen del sarcasmo, y para evitar interpretaciones incorrectas:

       1ª Creo firmemente que la política y la burocracia deben funcionar de forma coordinada y que es un tema importante debatir cómo los objetivos políticos, transparentes, claros y legales, se consiguen de forma eficiente, y en qué medida esa eficiencia precisa de una determinada “politización” de la Administración.

         2ª Sí soy un convencido defensor de la meritocracia, en la educación y en el empleo público.

       Y 3ª Pienso que a día de hoy los empleados públicos son los que son, independientemente de su forma de acceso a la estabilidad en el empleo, y que no aumenta la eficiencia el discriminar. No nos equivoquemos, no es equitativo exigir pulcritud a quien mata en persona para jalar. Hay que exigirla a quienes lo puede hacer por delegación.

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4 comentarios to “Descolonizar (actuaciones básicas para lograr la eficiencia de los empleados públicos) (3)”

  1. Simplemente genial ! Gracias por compartir tus pensamientos con todos !

  2. Muy interesante reflexion. Queda tela para cortar en el tema de politizacion de los empleos públicos (que a mi juicio es muy similar al colonialismo mencionas). Un abrazo

  3. Sencillamente fantástico, hacia falta que alguien lo dijera así de claro. Sigue así

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