Elogio del cafelito del funcionario


  Estaba hoy, en el Bar, en frente del Ayuntamiento, tomando mi cafelito, de funcionario. Atribulado por estar fuera de hora, debido a la inoportuna prolongación de una reunión, de trabajo. No tanto porque a esa hora el Marca siempre está ocupado, sino porque,a partir de las 12,30 p.m., empieza “la hora del contratista” y ya no ponen churros con el café, sino gambas con la cerveza. A falta de Marca, resignado hojee un periódico nacional y tras repasar los correos del socio de Urdangarín, el estado de salud de la Familia Real, los problemas hipotecarios del ático marbellí del Vice de Espe…, y descubrir que el sudoku ya estaba hecho, para hacer tiempo -en la tele, sin voz, aparecía la Sra. “de Kirchner” disertando mientras en la mano sostenía la memoria histórica de los hidrocarburos argentinos en un tarro para muestras de orina-, impactado aún por las declaraciones de Beteta, decidí calcular los posibles efectos de la supresión de la hora del cafelito del funcionario.

    No deben despreciarse esas declaraciones, pues deben reflejar un estado de opinión arraigado en la alta clase política; sin ir más lejos el Presidente Zapatero no sabía siquiera lo que costaba un café. Lo mismo que el Presidente Camps – ¿o era que no los pagaba con tarjeta?

   Al grano: en primer lugar, suprimir esa inveterada costumbre sería cargarse de un plumazo, siesta y jamón ibérico aparte,  tres de nuestros más sólidos candidatos a la declaración de Patrimonio de la Humanidad: el cafelito, propiamente dicho, los churros y el Marca.

    Pero no sólo eso, si realizamos un simple cálculo -evidentemente con datos de antes de los ajustes- tenemos que cada empleado público podría, calculado por alto, consumir unos 300 cefelitos y unos 200 pinchos de tortilla, en cómputo anual; es decir, unos 650 € funcionario/año o  dos millones de euros, también en cómputo anual, para los tres millones y pico de empleados públicos (personal de confianza y chiringuitos incluidos).

     Es más, independiente de ese nada despreciable dato, lo peor sería que durante ese tiempo, a mayores de las 37,5 horas, esos tres millones y pico de empleados seguirían trabajando (inclusive los inspectores de Hacienda, lo digo por lo de la amnistía fiscal). Y ahí ha de tenerse en cuenta otro dato de rabiosa actualidad: A 31 de marzo de 2012, la comunidad autónoma asturiana, fruto de la parálisis por la imposibilidad de formar un gobierno estable, tiene un superávit de 68,5 millones de euros. Si una Comunidad Autónoma de un millón de habitantes, hibernando tres meses, consigue un superávit semejante, aplicada esa receta al resto del país, en un semestre solucionamos el tema del déficit sin despeinarnos e incluso daría para cazar algún elefante. Deberíamos hacérnoslo mirar.

     De todos modos, no acabo de entender la causa de que en Argentina utilicen tarros de muestras de orina para meter petróleo. Si mañana no llego al café en hora me traigo el Proyecto de Ley de Transparencia.

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One Comment to “Elogio del cafelito del funcionario”

  1. Muy bueno Fernando, un saludo

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