¿Nos están tomando el pelo? o la democracia a través de la horticultura.


 

    En estos pocos y largos meses, el Gobierno ha incumplido todas y cada una de sus promesas -donde digo, digo digo Diego-. No es necesario reiterar los que el Sr.  Gabilondo dice en el vídeo. Ciertamente, muchos sostendrán: “qué va a decir Iñaki Gabilondo”. Pero si hacemos abstracción de prejuicios, sin duda fundados por la trayectoria del periodista, apreciaremos que le ampara la razón en casi todo. Es cierto también que se empela duro con el Gobierno y de forma más lisonjera con el PSOE, pero no por eso deja de tener razón.

    Ciertamente es grave el incumplimiento de lo prometido, o de lo que los ciudadanos creímos entender. Pero lo realmente  condenable es cómo se está haciendo.  Sin compartirlo, podrían comprender que ya no hubiese plazo para tecnicismos o análisis, siendo preciso utilizar el hacha sin compasión.

    Lo más grave es que se está eligiendo entre las personas y los chiringuitos y privilegios de los políticos y sus negocios; entre las personas y los pesebres. Medidas y más medidas de ajuste; palabras y más palabras. Y sin embargo, los chiringuitos permanecen. ¿Por qué?

   Críticas a los despilfarros pasados, por los mismos que los generaron; coincidencia feliz en cuanto a la necesidad de controlar en el futuro. Pero ¿y los controles? Eso. ¿qué controles va a haber de aquí en adelante? ¿Los controles van a seguir siendo los designados a dedo por el partido o los aupados en libre designación?

   Es necesaria la transparencia; es otro punto de encuentro. Y además ahí ya hay propuesta; ¡tachán!: ¡el Anteproyecto de Ley de Transparencia! Qué indecencia…

   Si quieren yo les hago una ley de transparencia y un sistema de controles, no necesito más artículos que los dedos de las manos.

     Porque la cosa funciona de ese modo. A mi entender, la clase política española -con las excepciones que se quieran, pero excepciones al fin y al cabo- miente y no está dispuesta a recortar en las empresas y organismos que han sido creados única y exclusivamente para su acomodo. Es falso que quiera transparencia y control.

     Serían medidas sencillas, generarían un ahorro importante, y, además, nos rearmarían moralmente.

     Porque si no es así, ¿merece la pena seguir pensando en la eficiencia de la Administración?

   Independiente de adoptar medidas de urgencia, lo realmente exigible es abordar reformas estructurales profundas -haberlas planteado ya, al menos a grandes rasgos,-. Sería aceptable el aumento de la presión fiscal, entendida en sentido amplio, pero al menos tendría que estar ya en elaboración una profunda reforma del sistema tributario que evitara seguir haciendo piruetas sin fin; no es, en ningún caso, entendible la amnistía fiscal, ni la falta de actuaciones claras y explicitadas para reducir el fraude fiscal; no resulta admisible que no se explicite lo que realmente contribuyen las grandes fortunas y empresas al gasto público…

    Si existe algún asunto en el que parece existir unanimidad, es en el de la reforma de las Administraciones Públicas. Bien es cierto que respecto al sentido de la reforma habría mucho que hablar, pero todos parecemos coincidir en que ha de lograrse una Administración más eficiente -dejo al margen el coro de “y si somos los mejores bueno y qué”- Esa coincidencia se extiende, como no podía ser de otro modo, a la necesidad de reabordar, de nuevo, la eterna cuestión de la función pública, aunque aquí aún no se ha comenzado a cuestionar seriamente el EBEP -yo sí lo cuestiono, aún a costa de pecar: es una mala norma-. Si existen esas grandes coincidencias, ¿por qué no existen ya planteamientos estratégicos de futuro?

    No es que resulte inconcebible que no haya un plan, porque nunca lo ha habido; la improvisación es marca dela casa. No se trata de “improvisación improvisada”, la de especie corriente, es del género “improvisación calculada”. No parece razonable recortar dos veces el sueldo de los empleados públicos -sí dos veces: 5% y el próximo aumento de jornada- o facilitar el despido del personal laboral fijo sin abordar cuestiones del tipo: ¿qué va a pasar con lo empleados de los chiringuitos? Sí ésos en los que están colocados los amigos y parientes del PSOE y el PP ¿Se va a despedir a empleados fijos que han accedido por oposición a sus puestos? Si es necesario adelgazar, ¿no sería necesario concretar dónde y quién sufre los efectos?

   Yo pensaba que todas las Administraciones obesas se parecían -engordaban por la noche a base de desidia e hidratos de carbono-, pero creía que cada una adelgazaba de forma diferente. Ahora veo que estaba equivocado: también todas adelgazan igual, no por la grasa, como podría pensarse, sino por el músculo.

   Si esto es lo que hay y la alternativa son los que había….entonces… mejor que nos gobiernen coles*.

*Diccionario del Diablo: Col, s. Legumbre familiar comestible, similar en tamaño e inteligencia a la cabeza de un hombre. La col deriva su nombre del príncipe Colius, que al subir al trono nombró por decreto un Supremo Consejo Imperial formado por los ministros del gabinete anterior y por las coles del jardín real. Cada vez que una medida política de Su Majestad fracasaba rotundamente, se anunciaba con toda solemnidad que varios miembros del Supremo Consejo habían sido decapitados, y con esto se acallaban las murmuraciones de los súbditos.

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